lunes, 29 de febrero de 2016

33. EL HORRENDO MONSTRUO DE MI CAMA


Esta mañana, al despertarme, me he llevado una estremecedora sorpresa. Sé que puede resultar una historia realmente increíble pero, en la habitación, en contra de lo que esperaba, no estaba sólo. A mi lado, sobre la cama, se desperezaba un repugnante monstruo, el más feo y grande que jamás había visto. ¡Lo juro!. A primera vista, todo parecía indicar que había estado allí, haciéndome compañía, durante gran parte de la noche, durmiendo plácidamente. Yo, por el contrario, desde el ocaso hasta el alba, sin cesar, no había hecho otra cosa más que batallar con horrendas y terroríficas pesadillas.

El monstruo, al darse cuenta de que le observaba, se incorporó y, súbitamente, adoptó una actitud extremadamente agresiva. Agitando sus brazos y todo su cuerpo, realizando gestos obscenos y despectivos, comenzó a gritarme. Cada vez empleaba un tono más elevado, con expresiones dañinas y llenas de ira, como deseando lesionar mi valía personal, de minar por completo mi autoestima. Durante unos breves instantes, creo haber llegado a cuestionar mi propia cordura y la realidad de mi ser. Por una parte, la escena que presenciaba, me recordaba a los grabados oníricos y surrealistas, propios de Salvador Dalí, pero dotados de sonido y movimiento. Por otra, dicha escena, me parecía de una autenticidad incuestionable, absolutamente verídica. Me invadía una fuerte sensación de perplejidad. La inquietud, no lo voy a negar, ...el temor, a cada instante, y cada vez más, parecía apoderarse de mi.

De pronto, el fuerte sonido de la puerta al abrirse, de manera brusca, hizo que desviara la atención de aquel asqueroso y odioso bicho. Era Quique, mi hijo de siete años que, como todas las mañanas, acudía a darme los buenos días. Esbozando una amplia y alegre sonrisa, se me acercó y, dejando a un lado sus muletas, se abrazó con fuerza a mis piernas. 

—Hola papá, —me dijo— estoy despierto.

—Es domingo, —prosiguió— vamos al observatorio. ¡...Me lo prometiste...!.

Se refería al Observatorio Astronómico, uno de los mejor equipados de Europa, en el que se encuentra instalado el telescopio más potente y preciso de todo el continente. Un lugar, en el cual, los más expertos astrónomos del mundo, una vez al mes, hacen de guías para sus visitantes, impartiendo clases magistrales sobre la teoría del Big Ban, la expansión acelerada del universo y su posible evolución.

Quique, además de contar con un carácter afable y extrovertido, es un niño bastante peculiar, ciertamente diferente a los demás. Su lenguaje, desde los inicios, siempre ha sido extraordinariamente fluido, muy rico con respecto al de otros chicos de su misma edad. Le encanta entablar conversaciones con personas mayores que él, con adultos, especialmente sobre temas que le apasionan como, por ejemplo, la investigación científica, la vida salvaje de los animales, la puesta en órbita de satélites, la instalación y mantenimiento de torres petrolíferas,... Se podría decir que sus intereses son muy particulares y variados. Cada día me recuerda que el colegio no es para él, que no se siente a gusto allí, que ese no es su sitio; que lo que más desea, en realidad, es asistir a la universidad, para estudiar cosas que le diviertan. Por otra parte, mi hijo, tiene un sentido de la lógica muy diferente al de cualquier otra persona. Su razonamiento es distinto, lo cual, en ocasiones, le hace sentirse frustrado e incomprendido por parte de los otros. Necesita - es, casi, una obsesión - verse querido y apoyado por todos, especialmente por Merche, su madre, ausente en estos momentos, y por mí. Quique, mi hijo, ha sido diagnosticado, cuando tan solo tenia cuatro años, de Síndrome de Asperger. Por todo ello, es una persona muy especial que, a pesar de su corta edad, tiene una mente adulta, abierta y muy responsable. Como padre, no puedo más que sentirme gratamente orgulloso de él.

*****

Hasta tal punto me encontraba abstraído con la idea de que Quique pasara un estupendo día en el Observatorio que, por unos instantes, me había olvidado del horripilante monstruo que, minutos antes, me había sobresaltado, y cuya intención parecía ser la de hacerme creer que yo, como persona, carecía absolutamente de valor. Al darme cuenta de ello, me volví hacía el lugar que ocupaba, no sin cierta esperanza de que todo hubiese sido el resultado de un sueño o de una macabra y pesada broma del destino. Lo hice con decisión, con el firme propósito de no dejarme amedrentar, con la intención de expulsar a aquel indeseable lejos de mí y de los míos, de enviarle, sin posibilidad alguna de retorno, a su perverso y siniestro mundo. Pero un pequeño detalle me llamó la atención:  apenas podía oírle. Tan solo acertaba a percibir un ligero y distorsionado susurro. Sus imperceptibles frases, poco a poco, se iban debilitando, dispersándose hacía una nueva dimensión, silenciándose y perdiéndose entre los planos del tiempo y del espacio. De pronto, advertí que su imagen, desde los pies hasta la cabeza, comenzaba a desvanecerse, haciéndose, cada vez, mas dificultosa su total visibilidad. Al principio, fue disipándose de un modo sutil, muy suavemente. Mas tarde con mayor celeridad, mostrándose, más, ...y más difusa, ...hasta su total y absoluta desaparición.

Ahora, tras haber disfrutado del día fuera de casa, estoy recostado en el porche, sobre una hamaca, echando de menos a Merche, deseando su pronto regreso. Las próximas semanas, me temo que, tanto para Quique como para mí, se harán eternas. Nos queda la grata satisfacción de pensar que sus investigaciones, junto a su equipo, en la Antártida , serán importantes para el futuro de la humanidad y, algún día, quién sabe, tal vez reciban su justa recompensa. 

—Bueno..., por lo que parece, tengo visita.

—Hola papá, no puedo dormir. ¿Me dejas estar contigo?.

—Claro, cariño, échate aquí, a mi lado. Podemos observar el cielo. Está muy bonito. 

—¡...Vaaaaaya!. ¡Qué pasada!. No hay una sola nube. ¡Cuanta estrella!.

—Así es. ...Dime, hijo, ...con que no puedes dormir, eh...

—No. No hago más que dar vueltas en la cama.

—Lo comprendo... Hoy ha sido un gran día para ti, ...para los dos. Lo hemos pasado genial. En el observatorio has aprendido mucho. Por eso te cuesta conciliar el sueño.

—Pero, ¿por qué?. Después de un día "guay", el mejor de mi vida... Me he divertido. No debería desvelarme por ello, mas bien, todo lo contrario.

—No, yo creo que no tiene porque ser así. ¡Veras, hijo!. Pienso que nuestra estructura, tanto la física como la interior, la espiritual, es enormemente compleja, muy misteriosa. De ella se han hecho grandes descubrimientos, importantes avances, a lo largo de la historia. No obstante, la humanidad, nunca logrará llegar a conocerla del todo. Estoy convencido que dentro de nosotros existen una gran cantidad de fantasmas, de parásitos, cuyo único empeño es incordiar, estropear determinados momentos de nuestra la vida. En una palabra, impedirnos ser felices.

—Estos indeseables —continué— reciben diferentes nombres: miedo, inseguridad, vergüenza, complejo, euforia, alta autoestima, baja autoestima, celos, orgullo, ira,... Y se nos manifiestan a través de las emociones. Éstas, a su vez, nos generan pensamientos, positivos o negativos, dependiendo del tipo de emoción del que provengan. Pero, tanto unos como otros, pueden crearnos inquietud, nerviosismo. Es decir, alterar nuestro equilibrio personal, tan necesario para una vida rica y sosegada, es decir, sana.

—Sí, papá —me interpeló, Quique—. Pero, ¿como conseguimos impedir que eso ocurra?. 

—Hay técnicas, trucos, que nos pueden servir de gran ayuda. Por ejemplo, la relajación y la meditación. Nos permiten tranquilizados,  "mantener a raya" a nuestros fantasmas interiores. Mediante estas disciplinas, nosotros, somos los que ejercemos un control absoluto sobre nuestro sistema emocional - no al revés - y, por lo tanto, sobre nuestros pensamientos, siendo posible llegar a gozar de un saludable equilibrio, de una gran paz interior. 

—¡...Venga, cariño!. Para lograr ese necesario equilibrio personal, tanto nuestro cuerpo como nuestra mente, necesitan de horas de descanso, de un sueño profundo y reparador. Vámonos a la cama. Mañana comienza una nueva semana, seguro que llena de oportunidades. 


Fin

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